El resultado superavitario de septiembre obliga al Gobierno a profundizar sus medidas de ajuste fiscal. La administración debe garantizar que los próximos meses arrojen números extremadamente positivos para poder honrar los compromisos establecidos ante el Fondo Monetario Internacional. El margen de error es prácticamente nulo.

La estrategia de los próximos meses es transparente: entre octubre y noviembre el Ejecutivo debe lograr un desempeño fiscal robusto y consistente. Estos resultados operarían como colchón para enfrentar el déficit que llegará en diciembre, mes cuando históricamente el gasto público experimenta incrementos significativos. Sin esta compensación, el año cerraría fuera de meta.

El telón de fondo es preocupante. En 2025, el cierre anual de las cuentas públicas dejó un saldo desfavorable de 2,8 billones de pesos. Este precedente cercano ilustra la dificultad estructural que experimenta la administración para mantener la disciplina fiscal, especialmente durante períodos estacionales con mayores compromisos de gasto.

Ante esta situación, la administración mantiene una política de austeridad severa como columna vertebral de su estrategia fiscal. La denominada «motosierra fiscal» continúa siendo el instrumento principal para contener la expansión del gasto público y garantizar el cumplimiento de las obligaciones contraídas con el organismo internacional.

Analistas subrayan que los próximos dos meses representan un punto de inflexión. La capacidad del Gobierno para mantener superávits pronunciados será lo que finalmente determine si las metas anuales pueden alcanzarse. Cualquier desliz en la disciplina de gastos podría comprometer los acuerdos vigentes y generar tensiones adicionales en materia de política económica y relaciones internacionales.

Imagen: Timis Alexandra / Unsplash – Con informacion de Ámbito

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