Un cambio inesperado marca el panorama de las oleaginosas en Argentina. El girasol alcanzó en los primeros cinco meses del año un volumen de molienda de 2,3 millones de toneladas, la cifra más alta desde hace veinticinco años. Este resultado posiciona al cultivo en su mejor momento desde el inicio del siglo veintiuno.
Frente a este crecimiento destaca el debilitamiento de la soja. Su industrialización cayó a niveles que no se registraban desde hace tres años, marcando un descenso preocupante en el procesamiento de la principal oleaginosa del país.
La molienda es un indicador crítico de la actividad agroindustrial. Refleja tanto la disponibilidad de materia prima como la capacidad de los molinos para procesar y la demanda de aceites, harinas y otros subproductos en los mercados locales e internacionales. Los números actuales cuentan una historia de reposicionamiento.
El girasol, históricamente menos procesado que la soja, encuentra ahora condiciones que favorecen su crecimiento. Con casi 2,3 millones de toneladas molidas en apenas cinco meses, demuestra un dinamismo que no se veía en décadas. Este comportamiento refleja cambios en la disponibilidad de materia prima, en la demanda global y posiblemente en decisiones estratégicas de productores e industriales.
La soja, en cambio, transita un momento crítico. Su caída en molienda es significativa y representa el menor volumen en tres años. Para toda la cadena vinculada a esta oleaginosa —productores, molinos, exportadores— los números son una señal de alerta.
Este contraste entre oleaginosas genera dinámicas nuevas en el sector. La industria agraria argentina debe recalibrar sus expectativas y estrategias considerando que el girasol gana relevancia mientras la soja cede. Los próximos meses serán determinantes para entender si estas tendencias se consolidan o si se trata de movimientos coyunturales.
Imagen: Ana F / Pexels – Con informacion de Clarín Rural







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