Dos fuerzas opuestas moldean el panorama economico argentino: una inflacion en descenso compite con un dolar en ascenso. El desenlace de esta carrera determinara como evolucionaran los precios que pagan los ciudadanos, y es precisamente eso lo que preocupa a quienes conducen la economia.

La baja inflacionaria es un logro respecto a situaciones anteriores, pero su consolidacion no es automatica. Mientras se observan resultados positivos en la desaceleracion, el tipo de cambio juega en la direccion opuesta, introduciendo presiones que podrian revertir parcialmente los avances conseguidos.

En la economia argentina, estos dos fenomenos nunca actuan de forma independiente. El dolar mas caro afecta los costos de importacion y, por ende, los precios internos de muchos productos. Simultaneamente, una inflacion mas baja mejora el poder adquisitivo y reduce la presion sobre los precios. El resultado final sera el balance entre ambas fuerzas.

La gestion economica entiende que los efectos internacionales son un factor imprevisto que complica todo calculo. No puede controlar completamente lo que ocurre en los mercados globales, pero si puede medir el impacto mediante indicadores como el Indice de Precios al Consumidor. Por eso aguarda con expectativa los datos de junio.

Esos numeros seran reveladores. Si la inflacion continua bajando a pesar de la suba del dolar, significaria que las fuerzas de desaceleracion son poderosas. Si, en cambio, la caida se frena o revierte, indicaria que la presion cambiaria ya esta ganando espacio. En cualquier caso, los datos del IPC proximos seran la brujula que guie las proximas decisiones y proyecciones economicas. La espera sigue siendo la protagonista en este escenario de incertidumbre.

Imagen: http://www.kaboompics.com / Pexels – Con informacion de Ámbito

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